(San Lucas 9:51-62; 1Reyes 19:16-21; Salmos 16:1-11; Gálatas 5:1, 13-18)
Las tentaciones de Jesús en el desierto (San Mateo 4:1-11) le ayudaron a clarificar su misión. Al reconocer y rechazar las falsas direcciones, pudo ver más claramente su propio camino. Y a través de todos los Evangelios, aprendemos que nosotros estamos llamados a ser seguidores de Jesús, viendo como corrigió él la suposiciones falsas que los otros tenían de él.
Ni sus propios discípulos podían meterse a la cabeza que Jesús no iba a usar la fuerza. Su reacción inmediata cuando una villa de Samaria se rehusó a recibirlos fue: "Señor, ¿quieres que ordenemos que baje fuego del cielo y que acabe con ellos?". Jesús simplemente se retiró a otra villa. El no iba a usar el poder de éste mundo para lograr sus objetivos. Aquellos que lo siguieron tendrían que dejar la seguridad de su casa y de sus conexiones familiares (Compare San Lucas 9:57-62 con Génesis 12:1 y Los Hechos 7:2-3). Su propia falta de recursos humanos proclamaría, mejor que las palabras, el significado de su reino (vea San Mateo 10:9-11). Dios no reina dando éxito, sino invitando a la rendición. El objetivo de Cristo no es lograr el control, sino traer conversión. Trabaja a través de la debilidad de la verdad y del amor, que muchas veces no son eficaces para transformar a la sociedad (al menos a corto plazo), pero que son los únicos medios efectivos para transformar los corazones humanos y liberarlos.
Estamos tentados a esperar cosas de nuestra religión que Jesús nunca prometió darnos. Asumimos que si guardamos las leyes de Dios y rezamos, él nos dará salud y prosperidad, éxito en nuestras empresas, y protección de aquellos que nos pudieran hacer daño. Y algunas veces Dios si hace esto; debemos rezar para que lo haga. Pero ninguna de estas cosas es lo que Jesús vino a dar. El vino a enseñarnos a conocer a Dios y a amar. Para esto no necesitamos más recursos que aquellos que nos unen a la presencia interior de Dios en nuestros corazones: básicamente el ministerio de la palabra y el sacramento que se nos comunica en la comunidad de la Iglesia. Pero seguimos sin invertir en estos. En su lugar, invertimos nuestro tiempo y energía en actividades que logran que se "hagan las cosas". Y el lograr que se "hagan las cosas" con éxito generalmente depende de tener dinero o talentos humanos, o ambos.
El poder se define como tener el control. El dinero es el medio más común para lograr esto. Con dinero podemos contratar el talento. Y no importa cuantos subjefes haya; el control definitivo está en las manos de quien paga los salarios. Con el dinero podemos adquirir los recursos que necesitamos. Por lo tanto es natural que el primer paso para lograr control (sobre nuestras vidas, nuestros proyectos, nuestro ambiente) es amasar suficiente dinero. Los bancos florecen con los que reconocen esto.
La gente violará las leyes, explotará a los demás, negará su propia conciencia para lograr el poder económico. Las naciones irán a la guerra para lograrlo. La iglesias dejarán que el deseo de atraer y retener a los miembros que contribuyen, dicte las prácticas pastorales. La recaudación de fondos se convierte en una técnica. El Evangelio radical es reemplazado por palabras reconfortantes, y el "ser discípulo" se pierde en "programas" que satisfacen las necesidades humanas percibidas. La parroquia es también un club social. A cambio de su membresía, cuotas y diezmos, algunas parroquias con escuelas, ofrecen una alternativa a la educación pública; y para algunos padres, esto determina a qué parroquia pertenecen. Súbitamente, el enfoque de una parroquia puede gravitar a una multitud de proyectos, todos ellos buenos en sí mismos, y el manejarlos con éxito se vuelve el objetivo del ministerio pastoral, en lugar de que lo sea la formación espiritual y la conversión profunda y continua a un conocimiento y amor a Dios mayores.
San Pablo insiste que los Gálatas no deben de hacer que el objetivo de su religión sea el obedecer las leyes: "Cristo nos dio libertad para que seamos libres. Por lo tanto, manténganse ustedes firmes en esa libertad y no se sometan otra vez al yugo de la esclavitud". Nosotros somos igualmente libres con respecto a todo lo demás que hay en éste mundo. Nada nos debe de distraer o prevenir de únicamente seguir a Jesús.
Oración Diaria
Señor, tú veniste para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia. Llámame a que busque las cosas que dan vida en realidad. Libera mi corazón de todo lo que esté en el camino. Amén.
Escuchando los Evangelios de Esta Semana
Lunes*: Amós 2:6-16; Salmos 50:16-23; San Mateo 8:18-22: "Las zorras tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza". ¿Cuántas de mis decisiones están gobernadas por un deseo de seguridad? ¿Este deseo elimina algo que yo quiera hacer?
Martes: Amós 3:1-12; Salmos 5:4-8; San Mateo 8:23-27: Los discípulos fueron a despertar a Jesús, diciéndole: "¡Señor, sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo!". ¿Rezo yo así, insistentemente, para crecer en el conocimiento de la palabra de Dios? ¿Para qué cosas "despierto" a Jesús?
Miércoles: Amós 5:14-24; Salmos 50:7-17; San Mateo 8:28-34: "Todos los del pueblo salieron a donde estaba Jesús, y al verlo le rogaron que se fuera de aquellos lugares". ¿Qué ganan los gadarenses al decidirse a no involucrarse con Jesús? ¿Qué fue lo que perdieron? ¿Me retiene el miedo?
Jueves: Amós 7:10-17; Salmos 19:8-11; San Mateo 9:1-8: "¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te quedan perdonados', o decir: 'Levántate y anda'?". ¿Qué es más fácil para mí: pedir perdón por mis pecados, o aprender como caminar por el camino de las enseñanzas de Jesús? ¿Cuál de los dos es más característico de mi vida espiritual?
Viernes*: Amós 8:4-12; Salmos 119:2-131; San Mateo 9:9-13: Los fariseos le preguntaron a los discípulos de Jesús: "¿Cómo es que su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?". ¿Por qué come con Jesús (en la cena de la Eucaristía) la gente pecadora y mundana? ¿Por qué deben de hacerlo? ¿Cuál es el motivo?
Sábado: Amós 9:11-15; Salmos 85:9-14; San Mateo 9:14-17: "Hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos, para que así se conserven las dos cosas". Para escuchar realmente la palabra de Dios, ¿tendría que cambiar algunos de los objetivos y estructuras básicos de mi vida? ¿Ya he hecho esto? ¿Cuándo? ¿Cuál objetivo guía la mayoría de mis decisiones ahora?
Creyendo y Viviendo
Como Cristiano: Escriba cual es la "visión" que tiene de su vida, especificando su objetivo y el medio principal que usará para alcanzarlo.
Como Discípulo: ¿Puede dedicar tanto tiempo a aprender sobre Dios y sobre el mensaje de Cristo como le dedica a hacer o ahorrar dinero? ¿Cuánto tiempo puede dar?
Como Profeta: Cada día (por ejemplo: cuando vaya de regreso a su casa o cuando se este bañando) repase las decisiones que tomó ese día, preguntándose cuál era su objetivo.
Como Sacerdote: Cada día, de camino al trabajo, decídase a hacer que la gente sea más importante que las ganancias, el prestigio o la producción. Planeé cómo puede lograr esto en forma realista.
Como Administrador del Reino de Cristo: Analice las políticas de operación de su lugar de trabajo. ¿Qué objetivo u objetivos (ya sean expresados o no) las determinan? ¿Hay algunas modificaciones que pudiera usted sugerir?